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alexander escobar, venezuela, LEXÉGESIS WILDEANA PARA UNA NACIÓN NUEVA.

TODO GIRANDO EN TORNO A TODO SUCEDIENDO EN ESTE INSTANTE:

LEXÉGESIS WILDEANA PARA UNA  NACIÓN NUEVA.

 

Advertencia.

 

El autor de este ensayo advierte a los lectores que, en lugar de conseguir respuestas en estas líneas, el texto es un camino de ideas transitado,  transitable y con preguntas. El mismo se basa en elucidaciones personales  y notas de lectura que pretenden proponer, sin mucho aspirar, una nueva manera de hacer crítica  artística. Para el mismo, el autor se deja guiar, aunque no tan ciegamente, por el escritor irlandés  Oscar Wilde, quien quizás ha sido uno de los primeros en formular  algunas bases para la revolución necesaria en la forma de hacer crítica literaria y artística, es decir, una nueva doctrina que más que estética o ética, se traduzca en sacudón homicida del letargo de vocablos técnicos en el que se ahoga, actualmente,  la Historia del Arte. Aunque, paradójicamente, este texto puede ser pesado de leer y escuchar. Quizás pueda hacerlos sonreír. O convertirse en panfleto.

 

I.- ARTE Y VIDA EN LA ESTÉTICA WILDEANA.

            Notas Aclaratorias.

 

En el marco del pensamiento wildeano, frecuentemente, parecen entremezclarse hasta la confusión los términos Arte, Vida y Naturaleza. Antes de esclarecer la tesis en la que se basa la investigación, es necesario delimitar los términos antes mencionados dentro del  marco mismo de este pensamiento.

 

En el ensayo filosófico “El crítico como artista”,  se encuentran, entre otras, las siguientes palabras esclarecedoras: “Todo lo que hacemos, por insignificante que sea, pasa a la gran maquina de la Vida...“  (Wilde, O. (2000) Intenciones. Pág.72). Así pues, el término Vida, según esto, estaría referido a todas las actividades de los seres humanos, es decir, la totalidad de los hechos de cara al sistema social. Pero la concepción wildeana de la vida  trasciende al género humano  e incluye a todos los seres vivos: La Vida es el sistema que manifiesta la totalidad de los hechos y funciona con arreglo a ciertas leyes naturales que la ciencia ha venido descubriendo a lo largo de su historia (Ibidem). Aunque  estaría incluida en este sistema llamado Vida, la Naturaleza comprendería, incluyendo el ambiente geográfico, los instintos responsables de la supervivencia del hombre, los animales y las plantas de cara a la rigidez de dicho sistema y a las leyes naturales que lo rigen. Estas concepciones -  evidentemente hermanadas - no son en modo alguno materialistas o positivistas, como podría inferirse: La materia se espiritualiza en el mundo. Es justo aquí donde el Arte entra.

El Arte es la fuerza y la fuente que se rebela para revelar que la variedad de la Vida reside en la imaginación de quien contempla la Vida - incluida, claro está, la Naturaleza. Su finalidad es manifestarse a sí mismo ocultando al creador, es decir, al artista, el creador de bellas cosas (Wilde, O. El Retrato de Dorian Grey. Pág.5). El Arte es lo primigenio y, a su vez, sería – de tenerlo - el propósito de la Vida: Ser, dinámico y creador, nunca descansando, siempre en  constante cambio como una obra que continuamente se re-crea. Es decir, la fuerza detrás de todas las cosas (1).

 

¿Mímesis Wildeana?

 

Principalmente, como ya se escribió en el párrafo anterior, es en “La decadencia de la Mentira” donde Wilde establece que la revelación del Arte es que la variedad de la Naturaleza reside en la imaginación de quienes la contemplan. Por esta razón, la indiferencia de la Naturaleza ante la obra de arte, como cuando el verdoso oxido de bronce y la caca de las palomas recubren las estatuas de las plazas para transformarlas en nuevos  y grandiosos fantasmas del patrimonio nacional, es decir, como una obra creada que se crea dinámicamente. La imaginación no debe caer en la fascinante preocupación por la exactitud, porque sólo así, el pensamiento se mantiene joven y cambiante. La juventud es sólo un estado mental.

 

(Susurro: perdonádme el lugar común)

 

La Vida y la Naturaleza, incluso la Ética misma como hecho de la Vida, pueden ser tomadas como materia bruta para ser trabajada por el Arte y, así, manifestarse a través de las convenciones artísticas del creador. De aquí, pues, que el Arte es dentro del medio imaginativo y por él mismo. Para Wilde, el Realismo como sistema es un completo fracaso (Wilde. Intenciones. Pág. 46) porque el Arte se muestra  a sí mismo como resultado de las impresiones íntimas de la relación contemplativa del artista con el entorno, quien toma motivos y elementos pero los moldea utilizando la emoción y las consecuencias intelectuales de ésta sobre  su personalidad, es decir, la obra nace de una relación contemplativa consigo mismo: Es de la personalidad que surge la obra y es a ella a quien va dirigida (Idem. Pág. 92), entendiendo como personalidad  a aquella complicada interioridad humana  que incluye el temperamento artístico.

 

(Susurro: No somos psicólogos).

 

 

(1) Algo semejante plantea Torres García: la tríada para explicar el fenómeno artístico – racional, instintivo, intuitivo – como formulación de su universalismo constructivo. Nota del autor

Ahora bien, este temperamento artístico - que para Wilde, pienso, es equiparable al juicio estético kantiano, aunque categóricamente indiviso (lo sublime indistinto a lo bello) -  es, también, inherente a todo ser humano y debe ser desarrollado para  densificar la propia personalidad del hombre: El sentido instintivo de la crítica estaría, entonces, en continuo movimiento; cosa necesaria porque “sólo por su mediación puede la humanidad darse cuenta del punto a que ha llegado” (Idem.  Pág. 124). Sólo este sentido es el que nos hace pensar y es el instrumento que afina mejor el espíritu - como bien lo predican los principios místicos de enseñanza de  la mayoría de las escuelas espirituales, orientales u occidentales, o el proceso natural de selección de las especies -. La mejor manera de desarrollar el sentido crítico es por el frecuente “contacto” con las obras creadas, pero no un acercamiento superficial sino de la más completa entrega.

 

El Propósito de la Obra: Revelarnos como obra.

 

La obra de arte quedaría estéril y la Belleza desaparecería si el artista pregona cernirse a los hechos porque “la Naturaleza no tiene nada que decir por sí misma” (Pág. 25). Ya lo está diciendo al ser: Nuestra apreciación es sólo una lectura.  Por ejemplo, la  Historia del hombre cuando es rescrita por el Arte, demuestra que éste último es, en sí, una forma de exageración: La selección - nacida del sentido instintivo de crítica - es el espíritu mismo del Arte y, además, “una modalidad intensificada de ultra exageración” (Pág. 25).,  “… las realidades visibles de la Vida se encuentran transmutadas en convenciones artísticas”(Pág. 27) que modelan nuevos elementos que la vida misma no tiene. Es decir, y parafraseando a Lindsay Anderson - famoso director de cine británico, fundador del “free cinema” -, no existe distinción entre realidad y fantasía porque nuestras fantasías son, también, nuestra realidad.

 

El Arte es la escuela adecuada del Arte y no la Vida, pues su perfección se encuentra dentro de sí y no puede ser juzgado por comparación de patrones externos. “La Naturaleza a los ojos del Arte no tiene leyes” (Íbidem). El Arte es la Verdad única que se mira en el espejo de la Vida: Esto se debe, en primer orden, al sentido imitativo de la Vida que gana en espíritu, como ya se dijo, cuando se producen las tempestades del arte para la realización de la paz interior (principio catártico aristotélico). La literatura, por ejemplo, se adelanta a la vida y la moldea a su imagen y semejanza. El caso de la Biblia comprueba contundentemente esta premisa, si se toma en cuenta que está constituida por  una colección de relatos de las tribus antiguas del Desierto medio-oriental. La Vida realiza lo que el creador ha imaginado en la ficción y esto se debe al deseo de expresión de la misma : “ el arte presenta de continuo las diferentes formas por cuyo medio puede alcanzarse esa expresión.  La Vida se apodera de ellas y las emplea, aunque sea para su propio daño”(Pág. 37).

 

Inclusive, desde el punto de vista científico y metafísico, la Naturaleza se muestra como nuestra creación: Es en nosotros donde cobra vida porque “las cosas son porque se ven” y “mirar una cosa no es lo mismo que verla”. La visión depende del temperamento y este, a su vez, de las artes y las obras manifiestas que nos han influenciado. El Arte, por ello, no expresa el carácter de la época, lo crea: No es símbolo de las épocas, son estas las que pueden considerarse sus símbolos, pues, “el arte más elevado rechaza el fardo del espíritu humano, y gana más con un nuevo medio o un nuevo material que con todos los entusiasmos por el arte y todas las profundas sacudidas de la conciencia humana”(Pág. 40). Las corrientes y manifestaciones artísticas del siglo XX corroboran esta afirmación.

 

            Los tres principios estéticos.

           

Hacia el final del ensayo "La decadencia de la mentira"(1889), Wilde establece los tres principios fundamentales de su teoría estética que complementa, posteriormente,  lo ya previamente establecido en el prólogo a la novela "El retrato de Dorian Grey". Estos principios son los siguientes:

 

·      "El Arte jamás expresa otra cosa que a si mismo", puesto que, al igual que el Pensamiento y el sistema de conocimientos a priori que emplea, se desarrolla "con arreglo a su propio patrón". Es por ello que no puede hablarse del arte como si fuese una creación de su tiempo porque muchas veces comprobamos como en la Historia del Arte surgen obras que tardan un siglo en ser comprendidas. Su esfera es atemporal: así como una obra se puede adelantar a su época, también puede resucitar otras y traerlas de vuelta. "Pasar del arte de un periodo histórico al periodo mismo es el gran error de todos los historiadores"(Pág. 45).

 

·      "En el momento que el Arte renuncia a su medio imaginativo, renuncia a todo". La Vida y la Naturaleza son empleadas como materiales del Arte  pero siempre transmutadas en convenciones artísticas, es decir, el medio de expresión hace la diferencia. Las impresiones que la naturaleza nos causa son efecto del arte en nosotros, o por lo menos, de todo lo que ha influido en la autoformación de nuestro sentido critico instintivo para el desarrollo del temperamento artístico. Toda critica es una forma de autobiografía porque todo arte es, a la vez, superficie y símbolo."Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan descifrar el símbolo, lo hacen también a su propio riesgo"(Wilde, O. El retrato de Dorian Grey. Pág. 6). La obra es completa cuando alguien la contempla: Es a ese alguien a quien va dirigida. Incluso si ese alguien es el creador mismo.

 

·      "La Vida imita al Arte mucho más de lo que el Arte imita a la Vida". Esto es producto del instinto imitativo de la Vida y del fin consciente que tiene la misma: Encontrar expresión. "El Arte le ofrece ciertas formas bellas por medio de las cuales puede llevar a cabo ese impulso"(Wilde, O. Intenciones. Pág. 46). Es el encanto que nos ofrece la Vida misma y  la Naturaleza. La Mentira es el fin propio del Arte porque en arte no existen verdades universales:"Una verdad en arte es aquella cuya contraria es igualmente verdadera. (...) Las verdades metafísicas son las verdades de las máscaras".(Pag. 183). El arte no quiere probar nunca nada porque no tiene simpatías éticas y puede expresarlo todo: Por ello, "la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto" y la moral del hombre sólo "forma parte del tema para el Artista".(Wilde, O. El retrato de Dorian Grey. Pag. 5).

 

II.- HACIA LA CRÍTICA: PROPUESTA Y PROVOCACION.

Sobre la facultad crítica del hombre y el trabajo creativo.

 

La fe de Oscar Wilde en la crítica va hasta  considerarla motor de la evolución humana producto del espíritu de selección de las especies. Esta idea tiene sus atrayentes consecuencias sobre la personalidad humana y puede generar notables cambios en la sociedad actual. La única manera  de desarrollar este sentido instintivo es a través del arte: Cada una de las formas de arte pueden considerarse como crítica a la Vida misma pues denotan aspiraciones  que el hombre quiere para consigo mismo. Desaprender es una de ellas.  

 

La facultad crítica hace que la creación sea posible: El espíritu selectivo del artista es producto de una modalidad de esta facultad crítica del hombre. “Toda obra de imaginación bella es perfectamente consciente y deliberada. Ningún poeta canta porque debe cantar. (…) Un gran poeta canta porque quiere cantar” (Pág. 67). Las grandes obras son productos conscientes después de un gran esfuerzo, también consciente, porque “no hay arte bella sin la conciencia de sí mismo, y conciencia y espíritu crítico son una sola cosa”(Ibidem).  Pueden existir un montón argumentos en contra de esta afirmación: los mitos y poemas del mundo antiguo. Pero Wilde estimaría que con un poco de imaginación se entendería que la transmisión oral de una historia determinada produce densidad en la historia misma, es decir, cada individuo o narrador podría incidir dramáticamente sobre cada mito. Un ejemplo actual a este respecto – para agregar algo a esta exposición de papel, con el riesgo de escribir como se habla - puede observarse en las diferentes versiones que existen del mito de la mujer adúltera, esa aparición fantasmal que en el llano se llama Sayona y en las grandes ciudades Llorona, aunque ambas lloran, gritan, asustan y aparecen a los hombres “dizque para darles escarmiento por sus acciones”. Una de esas versiones, probablemente el origen latinoamericano del mito, atribuye las mismas cualidades a la diosa Coyalxauqui, quien lloró amargamente por las calles de Tenochtitlán la noche antes de la llegada de Cortés. Esta misma diversidad que se presenta como ejemplo no es sino una mera cuestión de estilo: Es probable que detrás de cada mito exista un individuo que lo creó. “No hay arte donde no hay estilo, ni estilo donde no hay unidad, y la unidad es cosa del individuo” (Pág.68).“La facultad crítica es la que inventa  nuevas formas” pues “la tendencia de la creación es repetirse a sí propia”.

Cada nueva escuela en el arte surge por críticas a escuelas antiguas. La filosofía avanza también de la misma manera. La historia de la humanidad entera está basada en está relación crítica de sus propios elementos. Nada nuevo se descubre al decirlo, pero vale la pena mencionarlo:  “Cada nueva escuela, (…), clama contra la crítica; pero eso no impide que sea a la facultad crítica del hombre a la que debe su existencia. El simple instinto creador no innova; lo único que hace es reproducir” (Pág. 69). A esta última afirmación se opone el arte que surge desde aquellos artistas a los que la crítica constantemente se resiste a estudiar: Los artistas populares. Si bien es cierto que muchos no guardan, en la mayoría de los casos, “ninguna relación intelectual con la época”, de ninguna manera se podría estar de acuerdo con que “no sugieren ningún elemento nuevo de goce” (Pág. 71).  Es probable que el escritor irlandés sólo estuviese legándonos su propio juicio estético: El rechazo hacia alguna pieza es natural porque son muchas las maneras de manifestarse. Quien escribe estas líneas puede afirmar que algunas cosas le son desagradables. Creo que quien lee también es libre de hacerlo.(2)

 

Sobre la personalidad del buen crítico y el problema de la unidad en el Arte.

            “Nuestro único deber con respecto a la Historia es reescribirla”

Oscar Wilde.

           

El lenguaje humano, en todas sus modalidades, es el padre del pensamiento y la diferencia notable entre animales y seres humanos. La manifestación perfecta del lenguaje humano es la literatura porque es la única que puede llevar a cabo, íntegramente, el problema central del movimiento: Es el poeta el que crea,  de nuevo, un  mundo  para  los  soñadores. La Crítica  es una de  las tantas  manifestaciones del

lenguaje humano y, por ello, también es un arte. Como todo arte, trabaja sobre materias determinadas y las moldea en formas inéditas y provocativas. “No hay nada que no contenga en sí una sugestión o un reto” (Pág. 77), por eso el crítico consigue motivos en los lugares más inesperados puesto que “todo sirve a su finalidad”.

 

 

(2) Léase la Impresión Argumentativa No 1. , anexada al final del ensayo. Nota del autor.

 

La crítica también es un arte creador e independiente, o como Wilde prefería llamarla, “una creación dentro de otra creación”. A ella también se aplican las mismas relaciones existentes entre el Arte y la Vida: El crítico toma los materiales depurados por el artista que generan una obra y da expresión a las impresiones que dicha obra produce en él. La forma más pura de impresión personal es la forma más pura de la crítica. La crítica más alta es registro de la propia alma y es más fascinante que la historia o la filosofía puesto que se refiere a uno mismo (Pág. 79): Su tema es concreto y real, su tema es el Arte. Por ser registro de la propia alma, la crítica subjetiva no tiene contrargumentaciones: "De la ficción se puede apelar a los hechos; pero, del alma, no hay apelación posible" (Pag. 78). El único fin del crítico es el registro  de sus propias impresiones porque "la Crítica más alta se ocupa del arte no como expresión, sino como impresión puramente". Por ello, el crítico toma cada obra de arte como punto de  partida  para  una  nueva  creación, como ya  se dijo,  del  mismo modo que el ARTISTA toma a la vida como materia bruta para el arte: Es a través de la contemplación que se presta más bien a la cosa bella y sus significados; y es el contemplador el creador de los símbolos en la obra. Cualquier exceso de intelectualidad puede romper la belleza de la obra porque "la Belleza tiene tantos significados como el hombre estados de ánimo. La Belleza es el símbolo de los símbolos. La Belleza lo revela todo, porque no expresa nada. Cuando nos muestra a nosotros mismos, nos muestra el mundo entero con sus ardientes colores" (Pág. 81). Es ella quien convierte al crítico en creador. Es ella la que siempre se manifiesta.

Entre las artes existen limitaciones evidentes debidas al material empleado por el artista para expresarse. Aunque todas ellas pueden tratar los mismos asuntos, es a la poesía a quien pertenecen la totalidad de las emociones y sentimientos, así como también “el ciclo perfecto del pensamiento”: En ella se produce la unidad del Arte. El escultor, por ejemplo, renuncia al color y el pintor a las dimensiones efectivas porque de este modo evitan la imitación y el intelectualismo excesivo (Pág.83). El verdadero crítico se vale de esta situación para emplear la misma complejidad de la obra y, tomando sus elementos emotivos, “añadir una unidad más rica a la impresión final y suprema” (Pág. 84), por esto su reproducción jamás es imitativa sino que, en rechazo de toda semejanza, hace literatura. Para Wilde, es en la literatura donde todas las demás artes pueden hacerse una: Es desde aquí donde se juega el papel verdadero del crítico estético. El crítico es un intérprete, si así lo desea, pero no es su objeto siempre el explicar el significado de la obra de arte; más bien “considerará el Arte como una diosa cuyo misterio a él le toca hacer más denso (...) a los ojos de los hombres” (Pág. 90). Por ello, debe cultivarse para “intensificar su personalidad”, pues sólo a ésta es que el arte se manifiesta en la contemplación, y mientras más se entregue dicha personalidad a la interpretación, más real y convincente será la crítica resultante. La personalidad, según esto, se erguiría como un “elemento de revelación” porque de ella surge el arte, como ya se dijo anteriormente. Este principio último se basa en la máxima platónica: “Conócete a ti mismo”. Todos los grandes movimientos del pensamiento humano se basan en esta máxima. Se trata de lograr conexiones intersubjetivas. Autorreferencia.

Utilizando su personalidad, el crítico no puede ser imparcial, porque “el Arte es pasión; y en las cuestiones de arte, el pensamiento se ve inevitablemente influenciado por la emoción”: Por ello, en lugar de una inmovilidad fría, permanece fluyendo en relación directa con el estado de “alma” del momento, evitando así encajonarse en alguna ley o fórmula de ciencia. “Solamente los tasadores de las subastas públicas pueden, sin duda, admirar por igual e imparcialmente todas las escuelas de Arte” (Pág. 111). El crítico tampoco puede ser razonable puesto que el Arte no se dirige a la razón y “en el culto a la belleza no hay nada sano. El arte no puede amarse razonablemente”. La sinceridad del crítico no debe nunca arreglarse con costumbres de pensamiento pre-establecidas porque siempre encontrará nuevas sensaciones y nuevos puntos de vista: Es a través de ese cambio constante que logrará alcanzar la unidad en su personalidad. Camino interior. Además, la sinceridad y la imparcialidad colindan con la moral y esto provoca desorden en el pensamiento si se está contemplando la Belleza: Etica y Estética son lentes distintas porque el Arte “tiene sus ojos fijos en las cosas bellas, inmortales y en continua mudanza”(Pág. 114). Es decir, el arte sólo se perfecciona a sí mismo, aunque el término suene a progreso lineal occidental: Wilde sugiere entre líneas que la dialéctica como explicación  de la existencia es una creación del hombre. Esto es, la distinción vida – arte reside sólo en nuestro juicio y, mejor aún,  en nuestro temperamento. Infinitos caminos a través de los cuales se abre la única vía definible: Vivir creativamente.

El temperamento, en la estética wildeana, es el primer requisito del crítico y consiste en la suceptibilidad a la Belleza y las impresiones que causa. Este sentido ocasiona la contemplación selectiva de la forma, el comienzo de todas las cosas. Es la forma el secreto de la Vida y lo que infunde inspiración: A través de ella encontramos expresión perfecta a nuestro dolor y alegría y es por ella que amamos cada una de nuestras lágrimas y risas. Si el hombre halla la expresión perfecta para su emoción terminará admirándola intensamente a pesar de su inutilidad. “No es solamente en el Arte donde el cuerpo es el alma”(Pág. 119). Si el crítico parte de la adoración de la forma – en relación a su “propio” estilo - podrá descubrir los secretos de las obras porque, en la crítica, el temperamento lo es todo. Wilde va más allá e incluso afirma que: “Las escuelas artísticas deberían, pues, ordenarse con arreglo a los temperamentos a los que se dirigen y no con respecto a las épocas en las que fueron producidas” (Ídem).

Debido a la pluriversalidad del arte es que, él mismo, se dirige al temperamento artístico y no al especialista: La misma selección y visión del artista le obliga a utilizar todas sus facultades críticas en la  esfera creativa. “La creación limita la visión, en tanto que la contemplación la ensancha” (Pág. 121). Un hombre que no pinta o no sabe pintar puede juzgar perfectamente una obra pictórica pues emplea todas sus facultades críticas en crear una ventana hacia ese misterio que contempla. El primer paso de un crítico cabal, según Wilde, es darse cuenta de sus propias impresiones. Sin nuestras propias impresiones no es posible que el Arte nos revele su misterio. “El crítico es el que puede traducir de un modo distinto  o con un nuevo procedimiento su impresión ante las cosas bellas” (Wilde, O. El retrato de Dorian Grey. Pág 5). Los instrumentos de su arte son el pensamiento, supeditado a las impresiones, y el lenguaje, que expresa  dichas impresiones en convenciones artísticas. Servir como fuente de inspiración para el Arte es el propósito de la obra, puesto que el Arte no tiene otro fin que su propia perfección. Así, por ejemplo, “la idea de encontrar en un cuadro el motivo para un poema en prosa es excelente” (Pág. 144). Sólo así la transferencia de emociones que la contemplación produce continua y no fenece.(3).

 

III.- APUNTES PARA LA NACIÓN NUEVA.

El espíritu crítico y el individuo: Compás abierto.

 

La imaginación del hombre le permite vivir vidas incontables y la misma es resultado de la experiencia concentrada de la especie, es decir, la imaginación humana es producto de la transmisión heredada de experiencias raciales y pluriculturales. Este producto origina la Cultura que se perfecciona con el sentido crítico del individuo. Así, el hombre hace del instinto “una cosa consciente e inteligente” (Pág. 103) que le permite llevar la curiosidad humana al máximo nivel de desinterés, raíz ésta de la vida intelectual a la que – para el autor en cuestión - toda la especie tiende por naturaleza. La vida intelectual  no tendría por objeto el hacer, como en estos tiempos se proclama, sino el llegar a ser, y esta corriente intelectual conlleva, sin lugar a dudas, a la vida contemplativa: esto es, ser. La perfección de ser conduce, a su vez, “a contemplar con las emociones” los diferentes hechos de la vida – incluso la misma contemplación como extensión de uno mismo -, revelando la Belleza en ella.

El crítico estético observa  la  vida  desde  la  esfera  del  Pensamiento  que  le permite hallarse a salvo y seguro. Cada individuo del mundo logrará esto. Aunque la utopía puede continuamente hallarse en peligro porque la humanidad se observa a sí misma desde la  esfera de  la  acción  que  degrada  el  Pensamiento  a  la  subordinación  por constante asociación con la vida práctica, olvidando que las acciones “pertenecen a la esfera de la Ética” (Ibidem). Por esta razón, cada juicio intelectual, se convierte en prejuicio cerrado: No es desinteresado.

 

 

(3) Léase la Impresión argumentativa No. 2 anexada al final de este ensayo. N. A.

Cuando el juicio intelectual se haga desinteresado, como su propia naturaleza implica, la Ética y la Estética se convertirán en una sola cosa. Mientras suceda lo contrario no se podrá revelar la Belleza en la Vida desde la Vida: Esta revelación hace de todo lo existente una obra de arte en continuo desarrollo. De la que a su vez soy parte.

 

El espíritu crítico y el individuo:  Hacia el Socialismo Utópico y la Anarquía realizable.

“Así como la naturaleza es la  materia

luchando por convertirse en espíritu,

así el Arte es el espíritu expresándose

bajo la forma de la materia, de ahí que,

 aún en la más baja de sus manifestaciones

hable a la vez a los sentidos y al alma”

 

Oscar Wilde.

 

Las  agujas del reloj marcan los sucesos, ¿ o es au contraire? El hombre se inventó el sistema mecánico de las cosas y lo hizo con arreglo fidedigno a esta nueva concepción de cosmos mecánico. Todo se convirtió en maquina a nuestros ojos. Nos maravillamos de conocer un aspecto de la Vida: Tanto así que la proyectamos desde el Renacimiento hasta nuestros días. Pero los problemas que se perseguían resolver no alcanzaban soluciones. El hombre siguió matando de hambre a tantos otros, ya sea de verdadero conocimiento  o por falta de alimentos. Como resultado tenemos la falsa creencia de la muerte de las utopías, o, parafraseando de nuevo: De tanto trabajar la gente puede convertirse en estúpida. Esto es, pensar con el estómago. Para Wilde,

 

Es simplemente que la miseria y la pobreza son tan absolutamente degradantes, y ejercen un efecto tan paralizante sobre la naturaleza humana, que ninguna clase tiene realmente conciencia de su propio sufrimiento. Debe decírselo otra gente, y con frecuencia son absolutamente incrédulos.” (Wilde, O. El Alma del hombre bajo el socialismo. (1891) Cap.I).

 

Los sistemas de tiranía económica son parte del problema. Debido a la presión creada por sistemas de empobrecimiento masivo en los que la balanza se inclina mucho más a favor de unos pocos en detrimento de otros, la Humanidad va corriendo desesperada pero no se sabe hacia donde.  Cada hombre debiera ser libre para escoger el propio trabajo. No debiera ejercerse sobre él ninguna compulsión (Ibidem). Por ello, irremediablemente, nos conducimos al socialismo, como en una especie de movimiento pendular hegeliano y vibratorio en el vacío. Pero claro está: La concreción hacia este sistema debe ser sin imposición, ni compulsión, porque “toda asociación debe ser voluntaria. Es únicamente en asociaciones voluntarias que el hombre puede sentirse realmente bien” (Ibidem). Sin la complacencia de sentirse vivo, el hombre guarda constantes ambiciones que se quedan sin saciar. Es decir, descontento generalizado que prolonga la carga de rencores que se heredan del pasado.

El socialismo es camino de transición hacia el Individualismo perfecto, libre de intrigas posesivas – sean estas en la razón económica del sistema, sean en la razón existencial intelectual –, anarquía, gobierno del hombre sobre él mismo: Eutopía(4). Eliminando la propiedad privada se lograría que los elementos distractores del día a día – el corre-corre de las bocas hambrientas y las angustias por conservar lo acumulado – desaparezcan. Puesto que,

 

“…el reconocimiento de la propiedad privada ha dañado realmente al Individualismo, y lo ha oscurecido, confundiendo al hombre con lo que él posee. Ha desviado totalmente al Individualismo. Ha hecho su finalidad de las ganancias, y no del desarrollo. (…) La verdadera perfección del hombre reside, no en lo que el hombre tiene sino en lo que el hombre es. La propiedad privada ha destrozado el verdadero Individualismo, y establecido un Individualismo que es falso.” (Ibidem).

 

La intransigencia del hombre hacia esto es meramente transitoria: Necesariamente se comprenderá que, como producto del instinto de supervivencia – imitativo – de la vida,  es parte de la evolución humana. Sólo en la actividad filosófica y crítica de los hombres de ciencia, creadores y pensadores logra el hombre una parcial realización. Todos podrían abandonar el delirio de hambre del corazón si no hubiese tantos seres humanos obligados y forzados por la perentoria, irracional, degradante tiranía de la necesidad (ibidem).

 

El hombre perfecto se desarrolla bajo condiciones perfectas: necesidades, resguardo de los peligros. La mayor parte de las personalidades se vieron obligadas a ser rebeldes. La mitad de sus fuerzas se perdieron en la lucha.  Esto indica cuan necesaria es la rebeldía como elemento instrumental de la crítica, o como el propio Wilde preferiría decir: la virtud original del hombre. Pero la característica de la personalidad perfecta no es de rebelión sino de paz: La libertad para desarrollar plenamente el amor en nosotros. Incluso la institución matrimonial dejará de serlo para ser un acto de entrega sin compulsiones de tipo jurídico. “Nada debiera poder dañar a un hombre más que él mismo. Lo que un hombre tiene realmente, es lo que está dentro suyo. Lo que está afuera no debiera tener importancia” (Ibidem).

 

Podemos preguntamos si hemos tenido alguna vez la oportunidad de ver la expresión completa de una personalidad, excepto en el plano imaginativo del arte. En

 

 

(4) Eutopía, que es "la tierra del bien"; es decir, porque para su construcción se proponen y debaten cuestiones posibles y no meros sueños. Sabido es que Tomás Moro, al concluir la descripción de su Estado ideal, observó que, más que Utopía ("en ninguna parte"), de existir su país merecería el nombre de Eu-topía ("el buen lugar"). Nota del autor.

la acción, no lo hemos visto nunca” (Ibidem). El Arte juega con sus elementos: Como un lienzo, no está terminado, porque los caminos de la imaginación son infinitos. No se afirma con ello que deben abandonarse los requerimientos lógicos y racionales para enfrentar la obra: Sólo a través de ellos comprenderemos que las obras hablan a personalidades porque surgen de personalidades.  Después de la expresión completa el hombre

 

“… no se preocupará por el pasado, ni se preocupará de si las cosas sucedieron o no sucedieron. No admitirá más leyes que las propias, ni otra autoridad que su propia autoridad. Pero amará a aquellos que busquen intensificarla y hablará a menudo de ellos.” (Ibidem)

 

Frente al Arte el ser humano puede afirmar como especie que no tiene sentido la existencia, ni siquiera trascendencia ontológica, más allá del Arte mismo: Solamente ser – no simplemente existir -, más allá de cualquier rebeldía. El propósito del hombre es lograr expresar la plenitud potencial escondida en sí mismo. El trabajo creativo, para Wilde, es el único camino puro: El arte es la forma más intensa de Individualismo que el mundo ha conocido. Me inclino a decir que es la única forma real de Individualismo que el mundo ha conocido (Idem.Cap. III). Camina del plano de las ideas, como generador de expresiones, a nuevas propuestas. Las teorías que nacen alrededor de esas nuevas propuestas también son producto de la imaginación: Una obra de arte es el resultado único de un temperamento único (Ibidem). (…). El Arte nunca debiera ser popular. Es el público quien debiera tratar de hacerse artístico. Existe entre esto una gran diferencia.” (ibidem). “El público ha sido siempre, en todos los tiempos, mal educado”

 

¿Cómo creer en un corolario que plantee lo contrario, es decir, el olvido de lo más increíblemente humano en nosotros como especie? Si el Arte es materia espiritualizada, ¿acaso no somos los seres vivos espiritualizados desde su esfera?. Entonces, ¿es posible establecer una diferencia entre Arte y Vida cuando soy, yo mismo, un punto de vista, una subjetividad?  El modelo  cartesiano  se ha  prolongado por demasiado tiempo: Ha hecho creer que la razón y la lógica lo son todo cuando podrían considerarse instrumentos, entre muchos otros, como técnicas artísticas aplicadas a la vida. La gran obra donde cada acorde vale por que acompaña a otros. O como diría Eduardo Galeano en un café de Montevideo: Lo mejor que una persona tiene es la cantidad de personas que viven en ella.

El arte  conduce al hombre - como lo que denominamos ciencia, aunque se trate de   una misma manifestación del pensamiento -, al conocimiento de saberse parte de un todo que él mismo atesora desde su subjetividad: La mentira generadora de verdades. Se piensa en el Arte como refugio, pero es propósito ilógico separado desde los individuos - sin   dejar de ser un cálido lugar en el que reposar nuestros pensamientos -  y, estableciéndose como camino de comprensión, enlaza las vidas, nos hace mejores: Irrumpe a través de prácticas y técnicas que conforman un lenguaje único y pluriverbal - a la vez racional, intuitivo, instintivo -, variando de individuo a individuo.( ¿No es esto la vida? ¿La totalidad de los hechos? ¿Mi propia creación?) Una obra constantemente intervenida por individualidades: Cada quien coloca su grano de arena, pero como decía Gibrán “Qué grano de arena!”. La conversación fraterna aún a veces inconsciente.

Consistía, entonces, la propuesta anárquica wildeana de nación humana en una Nación de artistas, de actores, Nación de cosas grandes donde las gentes se curan con la palabra. La propuesta eutópica de Wilde: Una nación nueva donde cada quien se sepa y sienta indispensable y creador de una gran obra dinámica e infinita. El Arte como salvador del Arte. Nosotros, Arte. Este socialismo producto de la decisión de las masas que plantea el escritor se basa  notablemente en la doctrina cristiana para la vida, aunque establece diferencias con el papel dignificador del trabajo manual sobre el espíritu humano. Todo el mal del mundo se debe al nivel de compulsión que se ejerce sobre los hombres: Por ello, no puede haber paz donde se trabaje por obligación. Por supuesto, tampoco habrá espacio para el pensamiento.

 

Además existe precedente. Quizás las civilizaciones primitivas debieran llamarse primigenias, pero antes de este motor social que llamamos historia - desde la concepción hegeliana de progreso y trascendencia hacia el inexistente absoluto - los seres humanos vivíamos como una sola brisa porque sabíamos y sentíamos que todo era una extensión de nosotros mismos. (Nosotros vivimos bajo e´la matica). Y ellos permanecieron largo tiempo sobre la Tierra, con la Tierra y en la Tierra en el Universo por dialéctica de pluriversos como infinita cadena de números primos sin patrón alguno de frecuencia de aparición en la misma cadena. Cada día desde el día. Hasta contemplarme en el otro que se ve en mí  y es mi vecino y soy yo: Estado en el que cada quien sabe qué debe hacer para ser, llegando fácilmente a la realización de sí mismo. Todo girando en torno a todo sucediendo en este instante.

ANEXOS

 

IMPRESIÓN ARGUMENTATIVA No1:

Fragmentos de un ensayo paralelo.

 

Nuestra concepción académica del arte es un prejuicio consecuencia del miedo a desaparecer inculcado desde la misma Academia. Así, por ejemplo, puedo observar a mi hijo dibujar con acuarela un perfecto “Kandisky”, o, mejor dicho,  algo que a mí me recuerda a Kandinsky; pero cuando me libero de este concepto, me encuentro realmente frente a algo mágico y maravilloso que abre las puertas que yo, desde la estupidez, construyo por no querer ver.

 

Algunos artistas se nos presentan con habilidades técnicas aprendidas tras largos años de dedicación e investigación de las formas de expresión existentes  en el “desarrollo” de la historia y, muchos de ellos, revolucionan esas formas tomándolas como base, o desechándolas del todo,  y con esto crear nuevas formas de expresión para esas impresiones internas. De esta misma manera actúa el artista “popular”: Crea un mundo de reglas, sus propias reglas, y, en base a estas, vuelve a crear un mundo luminosamente nuevo, un mundo de impresiones e interpretaciones que se manifiesta a sí mismo, es decir, Arte. Es posible que nos parezcan carentes de dominio técnico, pero esto es un error de interpretación, pues, el artista popular no necesita de  concepciones académicas  cuando puede crear las suyas propias.

 

La Academia parece siempre prevalecer como base teórica hacia la creación intelectual y, constantemente, surgen movimientos - siempre vanguardia, aunque el término no se acuñe sino hasta principios del siglo XX - que se antepongan a ella. Estos movimientos, paradójicamente, terminan convirtiéndose en nuevas estructuras cerradas desmontables y desmontadas por ideas originales  que constituyen bases para nuevos movimientos: De esta “pugna” continua de ideas nace toda la historia del Arte. Pero ¿es absolutamente necesaria? Probablemente no, como todas las cosas de este mundo, aunque ciertamente le dan sentido a nuestra existencia.

 

El arte popular no pretende desmontar nada, no se antepone a ningún sistema anterior: no existe interés alguno en estos artistas de destruir ningún sistema establecido. Quizás por este mismo modo de ser es que se le hace tan irritable al académico hablar de esta  manifestación del espíritu. Quizás por ello no pueden establecerse estilos en la misma más allá de la “temática”. Sin embargo, no podemos olvidar que es el crítico de arte quien crea estas diferencias entre creaciones; y con él, los mismos artistas cuando juegan a criticar la obra de otros artistas: al final se refiere todo a una cuestión de gafas. No debemos olvidar que las gafas son intercambiables como las opiniones.

 

El arte popular  no se resiste a la crítica actual, es totalmente al revés: La crítica actual se resiste al Arte popular porque no logra concebir algo que no entre en pugna con ella. Pero, ¿acaso cada manifestación artística está en pugna con otras de ellas? ¿Acaso todo puede reducirse a esta síntesis?  Sospecho que las diferencias entre el arte popular y académico no son discutibles porque sencillamente no existen. Lo planteado hasta hoy en día es resultado del azar, pues , básicamente se trata de un prejuicio conceptual ese intento de establecer diferencias entre obras que son producto de la misma fuente - el Arte - y esta se expresa a sí misma: Los arreglos que en esta clase de textos se hacen con respecto a ese misterio sólo lo engrandecen.

 

 

IMPRESIÓN ARGUMENTATIVA No.2

ACERCA DE LA INTUICIÓN:

Extracto de una propuesta curatorial.

 

En un articulo publicado en Medellín en el año 1978, titulado Venezuela: Como se Forma una Plástica Hegemónica –refiriéndose a la estructuralidad del ámbito cultural de los últimos tiempos, Marta Traba escribe: “La riqueza estructural se convierte en la potencialidad de la obra, lo cual, sin duda, empobrece su lectura y sus alcances estéticos: es en otras palabras una obra sin ambiciones de proyectarse ni sobre la sociedad ni sobre el receptor individual”.

 

Hacia 1992 en el contexto-tendencia del todo vale de aquello que se ha querido denominar posmodernismo, Britto García escribe para una serie de conferencias sobre estética lo siguiente:

 

“Por lo mismo que la postmodernidad postula una filosofía sin sujeto, sin teleología histórica, sin política y sin valor de uso, que exalta el conocimiento informatizado porque es reducible al valor de cambio, se deriva de ella una estética con un sujeto oculto, acrítica, ecléctica, tecnologizante, no comprometida y mercantil”.

 

Y más adelante el mismo autor afirma:

 

“El dicho de que en la postmodernidad “todo vale”, amerita, por tanto, una corrección: en ella, más bien, todo cuesta. Lo que la postmodernidad exilia del cambio estético es, por esencia, lo no mercadeable”.

 

Si bien es cierto que las vanguardias surgen como movida contracultural para después convertirse en estereotipos a seguir, no debe olvidarse que la imaginación está en juego: lo que nos hace humanos está en juego. La tendencia crítica apunta cada vez más a una ciencia fría que, lejos de parecerse a la ciencia-metafísica actual, intenta, con métodos estructurales, presentar la obra como Objeto Artístico equiparable al objeto cientifizable al que la ciencia misma apuntaba: Hoy la filosofía es más física y la física es más filosofía. Los puntos de vista suelen enriquecerse unos a otros. No quiere decirse con esto que la lógica asociada a la investigación es un camino de caducidad. Con ella (la lógica), se aprende a organizar el movimiento, se aprende la organicidad (Klee. Experimentos exactos en el campo del arte), pero si se sigue sólo este camino ya no habrá nada excesivo, nada de tensiones internas, posteriores, inferiores: la intuición no puede sustituirse integralmente. Por ello se propone la intuición como camino que custodia un misterio que, al revelarse, produciría la impresión falaz de lo ilógico y de la locura. Esto provocaría una revolución, la sorpresa provocaría la desorientación (ibidem), la indignación y el apartamiento de quienes ya no pueden imaginarse nada: el arte exige arte.

 

 

IMPRESIÓN ARGUMENTATIVA No. 3

Sobre la imagen.

 

(Acerca del capitulo 1 de “Vida y Muerte de la Imagen”, un libro de Regis Debram, o del porqué mi hijo pinta y borra sobre su nueva pizarra magnética).

 

La fragilidad de la vida se considera inicio del arte, pero antes, incluso, de la imagen. Esto se revela como misterio ante el descubrimiento, en la contemplación, de lo finito de la vida - es decir, las fuerzas vivas de lo existente - del poder de lo infinito e invisible: La revelación es la muerte y el nacimiento de la imagen su consecuencia. La historia del hombre parece indicar la eliminación progresiva del concepto “muerte” dentro o como parte del ciclo vital en sociedad, sustituyéndolo, superficialmente, por sistemas de seguridad e intentos infructuosos - aunque alineantemente efectivos - de domesticación de lo incontroloble: Esto hace que “la imagen sea menos viva” y necesaria.

Según Regis Debram, nos encontramos en la última etapa de la historia de la imagen o de la mirada: La económica, que origina lo visual sustituyente de las visiones por organizaciones del mundo.

La imagen, según este autor - o al menos así se expresa en el capítulo I “El nacimiento por la muerte” de su libro “VIDA Y MUERTE DE LA IMAGEN” - “nace funeraria y renace inmediatamente” muerta y así parece demostrarlo el hecho histórico del uso primario de la misma con relación a oficios y rituales de difuntos u oficios mágicos: Para la Historia del Arte el estudio  de su objeto de estudio, es decir, la obra de arte - que, por cierto, debíera ser otro por como se le trata - comienza con los supuestos usos iniciales del mismo: propósitos rituales funerarios. Estas imágenes “ayudaban a los difuntos a proseguir sus actividades normales” en el más allá. Hoy en día, según Debram, los seres humanos interrumpen sus actividades “para visitar” los monumentos funerarios  en busca de un momento estético (¿?) que elimine “la preocupación absolutamente práctica de sobrevivir”. De una u otra forma, el arte de la imagen tendría, constantemente, su punto de referencia en la muerte que la suscita: Los lienzos de carácter histórico  muestran “un triunfo sobre la muerte y merecido por ella”, es decir, “el yo humano inmunizado y puesto en un lugar seguro”.

 

Pero, ¿y la magia?

 

“Dios es luz”, dice Debram, “sólo el hombre es fotografía, pues sólo el que pasa, y lo sabe, quiere perdurar”. Este punto es discutible. ¿Acaso alguien se ha preguntado porque los niños nos regalan sus imágenes maestras? Es posible, con nuestros ojos adultos, razonar como el autor en cuestión, pero no es posible dudar del estado contemplativo del niño ante su obra: Todos ellos nos regalan una humilde sonrisa de asombro sobre cada línea que, estéticamente, nosotros observamos. La imagen como catarsis óptica de figuración que asegura la prolongación del instinto de supervivencia  es incapaz de explicar este hecho, como tampoco lo demuestra  la teoría del nacimiento del arte como  “muestra contra la muerte”. El arte si es una fuerza vital, pero no como se señala en este libro - aunque, él mismo, provoque afirmaciones como éstas.

La imagen en los rituales mágicos funciona como manifestación de lo invisible, es decir, como llamado de auxilio en los ídolos. Sin la imagen no se engendra la magia de la mirada, pero una no puede existir sin la otra. Mirar no sólo es organizar la experiencia. Es del sentido práctico del frío mundo sistemático - seguido al pie de la letra por la crítica actual - que surgen teorías como la de los tres momentos de la historia de lo visible - mágico, estético y económico - que, aunque estimulante, no revela mas vela el secreto del Arte. Quizás esta crítica al texto supone una demostración de lo planteado por Debram - como se expone, parafraseándolo, al inicio de este artículo - , pero sólo si se mira con los ojos del adulto que se arma de razón en contra de la imaginación.

 

 

 

Bibliografía

 

           WILDE, O (1972). Intenciones (con prologo de R. Baeza). Taurus: Madrid.

           WILDE, O (2003). El Alma del Hombre bajo el socialismo.

Versión digital Chatal López y Omar Cortés.

www.antorcha.net/biblioteca_virtual/filosofia/alma_hombre/wilde.html 1

           Britto García, L (1992). Estética y Postmodernidades. Conferencia del I Encuentro Internacional Sobre Teoría de las Artes Visuales. Caracas, 27 de Febrero 1992.

           Debram, R. (1994). Vida y Muerte de la Imagen. Barcelona: Paidos.

           Rico, J.C (1994). Museos. Arquitectura. Arte: Los Espacios Expositivos. Paul Klee. Experimentos exactos en el campo del arte. Pág. 194-195. (¿?)

           Traba, M (1978). Venezuela: Cómo se forma una plástica hegemónica? Material divulgado por la Prof. Esther Morales de la Cátedra de Arte Venezolano del s. XX. Universidad de Los Andes. Mérida – Venezuela.

Por lobitogabriel - 11 de Marzo, 2006, 9:03, Categoría: lecturas
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